LAS SOCIOLOGÍAS Y LA LIBERACIÓN VASCA


      5.----------------- SITUACIóN ACTUAL.

      Mientras el funcionalismo dominaba omnipotente, pocas, como hemos dicho, eran las corrientes críticas en teoría social no abiertamente promarxistas. En Europa occidental, sobre todo, dos fueron las alternativas al dominio yanki -dominio apoyado sin tapujos desde las instituciones y aparatos de producción de saber oficial-, de un lado, la Teoría Crítica, heredera de la Escuela de Frankfurt, y el estructuralismo. Una vez más volvemos a encontrarnos con el muy importante papel de la cultura nacional propia como basamento de las concepciones sociales. La Teoría Crítica provenía de la cultura alemana y el estructuralismo de la del Estado francés. Carecemos de espacio para extendernos en estas cuestiones tan poco estudiadas por la sociología oficial, e incluso por la etnometodología que, en contra de lo que su nombre pudiera indicar, no presta apenas atención a las influencias que tienen las raíces etno-nacionales en el surgimiento y evolución del conocimiento humano.

      La respuesta de la sociología burguesa a la crisis del funcionalismo es con más y mejor funcionalismo. Nos explicamos: en vez de replantearse de arriba abajo la totalidad de la teoría, lo que se ha hecho ha sido intentar descubrir qué ha fallado, cómo hay que corregirlo y qué cosas nuevas hay que añadir pero sin abandonar el paradigma establecido. Muy resumidamente, esta ha sido la tarea de Luhmann, alemán nacido en 1927. Este autor, discípulo de Parsons desde 1960 hasta casi final de esa década, ha criticado a su maestro precisamente ser "poco funcionalista", de escaso desarollo de las capacidades de esta teoría, y las dos decisivas innovaciones que introduce Luhmann amplían sus capacidades en las relaciones intersubjetivas mediante la comunicación y una mejora sustancial del sistemismo. De este modo, la sociología burguesa actual intenta responder con los viejos criterios anteriores al endurecimiento de la tendencia ultraautoriataria, hipercentralizadora y policontroladora que crece bajo el impulso de la nueva fase histórica capitalista que, entre otras cosas, se caracteriza por exacerbar la omnipotencia y omnipresencia de la búsqueda del máximo beneficio en el menor tiempo posible.

      Luhmann sostiene, muy resumidamente, que la sociedad carece de centralidad y de vertebración material interna, que es una especie de nebulosa invertebrada que ha evolucionado históricamente de la segmentación a la estratificación para llegar a la fase actual que define como "diferenciación funcional". Que es la comunicación la que, en su desenvolvimiento, interrelaciona a las múltiples partes sociales que tienden a diferenciarse indefinidamente. Sostiene que ese proceso es autopoiético, es decir, se alimenta así mismo entre otras cosas mediante la permanente delimitación interior-exterior, inclusión-exclusión. Ahora bien, reconoce que debido a "contradicciones en la comunicación" estallan conflictos que son "sistemas sociales tipo parásito", que deben ser resueltos con mejores comunicaciones. Aquí actúa la teoría luhmanniana del poder, judicatura, Estado, democracia, etc, teoría que no cuestiona una coma de la ideología burguesa más conservadora.

      Luhmann rezuma soberbia intelectual por todas partes, y su posicionamiento antisocialista es más nítido y público que el de Parsons. Ya muy temprano mantuvo una áspera discusión con Habermas, teórico centrista y reformista de la Teoría Crítica, pero que comparado con el sociólogo funcionalista parece de extrema izquierda. Su entera concepción teórica ha rendido grandes servicios en el pasado a la burguesía alemana en su evolución autoritaria hacia el Estado-policía iniciada desde el final de los años cuarenta y profundizada imparablemente luego. Posteriormente, desde finales de los ochenta, cuando la descomposición del stalinismo era imparable y el imperialismo necesitaba llenar el nuevo vacío con otra explicación, la teoría de Luhmann de la comunicación, de la diferenciación funcional y de la ausencia de vertebración material de la sociedad, sirve maravillosamente para ocultar la plomiza materialidad que intenta controlar a la humanidad entera, hipercentralizada en los núcleos de decisión estratégica del capitalismo tripolar en lo económico o monopolar en lo bélico como es la OTAN. No por algo, Luhmann ha sido galardonado, halagado y premiado una y mil veces por esa misma burguesía que él nunca nombra en su larga obra teórica.

      Pero la crisis de la sociología burguesa coincidió a su vez con la emergencia de otras teorías que con diversa suerte pudieron escapar de las limitaciones de la Teoría Crítica y del estructuralismo, sobre los que no podemos extendernos aquí. O sea, desde finales de los setenta la dominación de la sociología burguesa no era, ni remotamente, tan apabullante como lo había sido antes. Las razones son obvias y se pueden resumir en la profundidad y globalidad del tránsito de una fase a otra del modo de producción capitalista. Si tuviéramos que sintetizar lo que tienen de común el grueso de estas teorías dejando de lado sus diferencias, diríamos que esa coincidencia es la tesis constructivista, según la cual los seres humanos somos capaces de influir decisivamente con nuestra praxis en la evolución de la sociedad y en el resultado de la historia. Esto que nos puede parecer a algunos una obviedad, sin embargo ha sido frecuentemente negado y rechazado por otras corrientes sociológicas, muy próximas a los poderes dominantes o simples apéndice suyos, como el funcionalismo y sus diversas variables.

      El constructivismo reivindica, por debajo de sus diferencias, que existe una dialéctica individuo-colectivo, subjetivo-objetivo, ideal-material, teórico-práctico de modo que, como resultado, la sociedad se transforma por la presión de esas fuerzas en acción. Y conocer lo básico de esta dialéctica es muy importante en las condiciones en las que vivimos. Saber que podemos construir con nuestra acción consciente un futuro en libertad y justicia, es algo importante. La sociedad es cognoscible porque la verdad científica es efectiva pese a sus límites espaciotemporales, ya que se mueve en ámbitos de validez, estabilidad temporal y grados de objetivación; partiendo de aquí, la gente puede transformar la sociedad y superar las injusticias; todo lo cual nos lleva a asumir la importancia de los valores éticos y políticos, pues intervienen también en la efectividad práctica de la construcción de la libertad y, acabando, esta corriente teórica, niega el fatalismo, el determinismo férreo y critica el orden social dominante, abriendo los horizontes de posibilidad de lucha y emancipación. Autores como Norbert Elias, Passeron, Giddens, Berger y Luckmann, Cicourel, Latour, Elster, Thompson, Boltanski, Pizzorno, Goffman y varios más, pese a sus diferencias, sí coinciden con diversas intensidades en lo anterior.

      6.- LAS CONSTANTES DE LAS CRISIS.

      Índice ¿En Euskal Herria se prepara una revolución? a la página principal